Todo lo que hay en Internet está bajo construcción
permanente, webs y software. En cuanto a los programas, el logo "under
construction" del Web es sustituido por el adjetivo "Beta", aunque muchos
fabricantes de software ahora prefieran decir "preview". Junto a Web, URL,
Bookmark, Link, Download, Upload, Attach, Host... beta es una palabra más del argot
cibernético que, para los no iniciados, hace más enigmáticas las conversaciones entre
internautas. La fiesta mayor de las betas se repite más o menos cada cuatro meses y está
protagonizada por las estrellas de la Red: los navegadores. Hace solo unas semanas la
comunidad internáutica mundial ha superado el ultimo periodo beta por excelencia con la
entrega definitiva de las versiones 4 de Netscape Communicator y Explorer. Todavía
está fresco en la mente de muchos el último vuelco de estómago ante aquel mensaje de
error en sánscrito proveniente del navegador beta, que sin duda lo explicaba todo, pero
que era incomprensible para un servidor convertido en "crash test dummie"
virtual. El software bajo construcción bloquea el sistema ante la más mínima
provocación y el consumo de productos informáticos en clave de beta puede ser irritante.
A pesar de que el problema es conocido por todo el mundo, las betas siguen en la Red y los
usuarios seguirán soportándolas. Y es que los fabricantes tientan al cliente
ofreciéndole alcanzar el cielo a través de las maravillas incorporadas en el último
"preview". Pero cuando surgen los problemas le obligan a aterrizar de golpe
recordándole que aquello es sólo un experimento al que jamás debió encomendar tareas
serias.
No existen automóviles, cafeteras o libros beta. Mejor dicho, existen, pero es
impensable que estén al alcance del público en general y las razones son obvias. Los
prototipos de cualquier producto son sometidos a pruebas por personal especializado y con
mucha discreción, entre las cuatro paredes de un laboratorio. Si los experimentos son
demasiado peligrosos para los seres de carne y hueso, serán "dummies" --o
maniquíes-- los que sufran las consecuencias. Pero en programas informáticos, las
pruebas se hacen a tumba abierta por miles, millones de personas. En buena medida la
responsable de todo es Internet. Por una parte, los fabricantes de bits tienen más
facilidades que nunca para divulgar sus productos, FTP mediante. En el otro lado, muchos
consumidores están atentos a cualquier novedad en las herramientas que tienen que ver con
la Red. Volviendo a las comparaciones con la vida no virtual, un consumidor de libros no
entra en cuestiones técnicas tales como el sistema de impresión, los tipos de papel, de
cubierta o métodos de encuadernación. En cambio, un internauta casi siempre está atento
los asuntos técnicos relacionados la Red. Cuando el fabricante de turno ofrece algo
nuevo, normalmente se muestra interesado... aunque solo sea por el tópico "la
informática avanza que es una barbaridad". En definitiva, el mercado está servido:
fabricantes de software con una red de distribución fenomenal que les une a consumidores
que se dejan tentar fácilmente con las novedades. Quizás Ud. no esté tan atento al
software porque con mucho menos ya tiene suficiente... pero tarde o temprano se
preguntará de dónde salió aquella beta que se cruza en el camino de su ratón. Las hay
por todas partes, aunque sea un discreto plugin.
El nacimiento de una beta.
Antes de llegar a la versión beta, el proyecto deberá pasar por dos fases. En primer
lugar está el prototipo. Un equipo de programadores diseña la estructura de lo
que puede ser un programa. El prototipo falla, es muy lento y prácticamente inoperativo.
Pero los inconvenientes no son importantes, porque nadie, excepto el equipo de desarrollo,
lo usará. El objetivo es profundizar en la idea encarándose a problemas reales. Tal como
sucede en muchas otras tareas, no es fácil ver todos los inconvenientes y posibilidades
hasta que uno no está inmerso en el trabajo.
A medida que el prototipo avanza, las ideas van haciéndose más claras y es inevitable
empezar a tomar el asunto en serio. Aquí empieza el desarrollo de la versión alfa.
Se añaden opciones, menús desplegables y ventanas de diálogo que servirán para que el
usuario final maneje el programa. En los prototipos no se está para frivolidades y los
programadores prueban las opciones de forma mucho más pedestre. La eficiencia de los
procesos es revisada una y otra vez hasta conseguir la máxima rapidez; en el prototipo
solo era importante que funcionara, sin prestar atención a la velocidad, pero ahora todo
es trascendental. El objetivo es terminar el programa y eliminar todos los errores hasta
poder distribuirlo entre el personal de la empresa y clientes de mucha confianza y no
menos discreción. Los probadores envían sus sugerencias y las más interesantes darán
lugar a funciones nuevas, que mejoran el producto desde el punto de vista del usuario
final. Hasta que llega el día en que alguien, con mucho poder --normalmente el jefe--,
dice basta y da por terminada la fase alfa (hay que dejar alguna idea para la siguiente
versión, ¿no?... el jefe siempre tan astuto, comercialmente hablando). En este momento,
el programa tiene el aspecto definitivo, está libre de errores conocidos y entra de lleno
en la fase beta, que servirá para encontrar algunos fallos que resistieron el
periodo alfa. Cuando la beta es inaugurada, el buzón de sugerencias queda clausurado
hasta la siguiente versión.
La beta es distribuida más ampliamente. Se envían copias a clientes con los que
previamente se pactó algún tipo de colaboración a cambio de, por ejemplo, descuentos
especiales en el producto final. También se recurre a universidades, profesionales
independientes o empresas especializadas en probar software. El objetivo es dejar el
programa en manos de mucha gente, con hábitos diferentes y con equipos de muchas marcas,
modelos y configuraciones. De esta manera es posible detectar el mayor numero de errores
posible. Algunos errores menores nunca llegarán a arreglarse, de ahí que algunos
programas vengan acompañados con el archivo "readme.txt" o las "Release
Notes", donde se da fe de la existencia de pegas que sobrevivirán hasta la versión
siguiente. Se trata de no tentar el destino, porque al reparar un error menor pueden
introducirse otros y la beta se prolongaría hasta el infinito. Si al modificar un
programa desaparece una coma importante por accidente, los resultados pueden ser
catastróficos.
Hasta aquí todo parece lógico, prudente y aséptico para el usuario de a pié. No hay
razón para preocuparse, porque en una beta todo está bajo control. Otra cuestión seria
probar versiones alfa, pero estas, lógicamente, están fuera del alcance del gran
público. Pero si observamos la realidad, todo lo explicado hasta ahora suena a historia
de ciencia ficción con olor a nefalina y las fases de prototipo, alfa y beta forman parte
del pasado. Las versiones alfa estaban fuera del alcance del público hasta que
llegó Internet. Porque en la Red, muchas versiones beta en realidad son alfa... y en
algunos casos tienen la calidad de un prototipo maquillado.
Las betas en Internet.
El prototipo ha quedado sustituido por una nota de prensa revelando las intenciones de
la compañía. Los progamadores se esfuerzan para tener a punto, en pocas semanas, la
primera entrega plagada de errores e imprecisiones, pero que promete grandes mejoras. Y
eso siempre cubre una multitud de pecados. Unos días después, la prensa especializada
publica las primeras capturas de pantallas y empiezan a hacerse especulaciones de cómo
responderá la competencia y si esto la hundirá definitivamente. En la televisión dicen
que la compañía tal ha aumentado su cotización en bolsa después del lanzamiento del
primer "preview" y aseguran que se está gestando es una revolución industrial
sondada. Poco a poco más usuarios se dejarán seducir por la curiosidad, porque durante
los meses siguientes, cada quince días aparecerá una nueva beta o "preview" a
bombo y platillo. Los más impacientes caen en la segunda entrega. En el caso de los
informados, aquellos que han leído que "falla mucho", dócilmente esperarán
hasta la quinta revisión. ¿Para que molestarse pagando probadores especializados si
millones de personas están dispuestas a hacerlo gratis y entrega por entrega?. Mientras
tanto, las compañías desarrolladoras anuncian nuevas alianzas y ocurrencias que
permitirán una nueva subida en bolsa y de paso añadir más funciones... ¡a la beta!.
Trabajando así es imposible conseguir lo que supuestamente debe ser una beta: un producto
cerrado que se distribuye a probadores especializados con la única finalidad de encontrar
errores y eliminarlos.
De hecho, los milagros son caros de ver y no lo consiguen. Todo queda muy lejos de
aquel concepto atávico de beta. Por ello, si las betas en realidad son alfas, la pregunta
es inquietante: ¿las versiones definitivas, en realidad son betas?. En el momento de
escribir este artículo Netscape ya ha publicado tres revisiones de la versión 4.0 definitiva
de su navegador y está disponible la 4.03 que soluciona algunos problemas de seguridad.
Por su parte, Microsoft no se quedó atrás publicando dos revisiones de la versión 3 de
su navegador cuando, varios meses después del lanzamiento de la versión definitiva, un
grupo de estudiantes hizo una demostración de los agujeros de seguridad del Explorer ante
las cámaras de un programa de televisión. En efecto, todas las versiones loquesea
punto cero en realidad son betas. Y también lo son las punto cero uno, las punto cero
dos...
¿Quién teme a las betas?
Teniendo en cuenta que su apreciado navegador, versión definitiva, es una beta, no es
en absoluto recomendable temer a las betas. Simplemente debe asumirlas como una cosa más;
intrínseca a los avatares de la vida en red. No debe preocuparse cuando algo deja de
trabajar y, milagrosamente, vuelve a funcionar correctamente con solo desconectar y volver
a conectar el ordenador. Es de lo más normal, aceptado como un procedimiento habitual por
los informáticos más expertos. Ud, como hacen ellos, tampoco debe buscar explicaciones,
porque es como intentar correr tras el viento.
En una conversación distendida con un informático, éste me comentó que las betas
(alfas para nosotros) están para disfrutarlas "es una forma brutal de estar al
día". Pero ningún informático profesional en su sano juicio se atreverá a
instalarlas en el ordenador que usa para trabajar, porque todo puede dejar de funcionar en
cualquier momento. Si no quiere renunciar a curiosear en lo que será la informática del
futuro, la Red esta llena de material para conseguirlo. Y en cuanto a su ordenador, no es
tan difícil encontrar algún sistema para mantener a salvo los datos más importantes.
Por ejemplo, fíjese en su disco. ¿De cuantos megas es? ¿Se ha quedado pequeño? ¿Ha
pensado en comprar otro más grande?. Por el precio de un disco, más unas tres mil
pesetas para un mecanismo que lo convierte en extraible, dispondrá de dos discos y dos
sistemas diferentes. Uno para uso normal --el nuevo, de más capacidad y rapidez-- y el
viejo, más pequeño, para experimentar con las betas. Cambiando el disco, tiene un
ordenador distinto cada vez. En algunos PC con placas más modernas, incluso puede
mantener los dos discos instalados a la vez y arrancar de uno u otro con solo cambiarlos
de lugar. En este caso, el disco secundario también puede servir para hacer copias de
seguridad de los datos del principal. Ahora que el hardware le mantiene a salvo, se trata
de encontrar software para experimentar, disfrutar o sufrir, según el día y el software
en cuestión.
Beta Galore (o beta en abundancia: http://www.betabase.com/) ofrece varias formas de
participar en el apasionante, para algunos, mundo de las betas. Puede explicar sus
experiencias o pedir ayuda en el foro de discusión. O suscribirse a una lista de correo
donde le mantendrán informado de todas las novedades. Y los amantes de la competición
pueden conseguir puntos: Un link desde su web hacia Beta Galore vale por un punto. Si
además coloca su logo en la página, consigue tres puntos. Y el no va más, con cinco
puntos, es enviar la crónica de un test vivido personalmente.
BetaNet (http://www.betabeta.com/) tiene como
lema "What do you want to test today?" ¿Le suena?. En este web, la beta
del momento es Windows 98. Pero advierten "No nos pida una copia de Windows 98
porque no está disponible más que para 10.000 beta testers y 500 miembros de la
prensa". En la página "Goodies", con la banda sonora de "Misión
imposible" de fondo, puede ampliar y poner a prueba sus conocimientos sobre todo lo
que tiene que ver con el mundo, por supuesto siempre cambiante, de las betas.
De oficio beta-tester.
Pero lo más interesante de estos webs es conseguir direcciones donde fabricantes de
software piden la colaboración formal de beta-testers independientes. Algunas empresas
han decidido no abandonar el método tradicional de probar software y todavía usan
personal especializado. Es el caso de Intiut (http://beta.intuit.com),
fabricante de programas financieros. Como compensación ofrecen puntos que los
colaboradores podrán cambiar por descuentos en sus productos, camisetas, bolsas y
relojes. Quien desee participar en probar su software no deberá estar en contacto con la
competencia. Para protegerse de los fisgones aseguran que investigan la procedencia de las
IP de todos los colaboradores. En MacAfee también recuerdan que el software en desarrollo
debe tratarse como un secreto industrial y un "beta-tester" cualificado deberá
estar de acuerdo con las condiciones que se encuentran en http://beta.mcafee.com/NDA.HTM.
Algunas de las preguntas del cuestionario de Eudora (http://www.eudora.com/betas/) para los
beta-tester, dejan entrever cual debe ser el temple de un buen aspirante: ¿Se recupera
bien, sin pánico, cuando encuentra errores y bombas? o ¿Está dispuesto a perder tiempo
recolectando errores y sugerencias?. Si no es capaz de contestar si a todas las
preguntas, en Eudora recomiendan obtener una demostración de sus productos, limitada a 30
días de funcionamiento y olvidar sus aspiraciones de beta-tester. Sugerencias similares
son las que hacen en Ambrosia, una empresa dedicada a software para Apple (http://www.ambrosiasw.com/TechWorks/Beta.html).